El hecho de que en Antioquia esté cerca del 35 por ciento de las solicitudes de reparación administrativa de todo el país implica para Jaime Jaramillo Panesso, comisionado de la CNRR en representación de la sociedad civil, que en esta región del país se tienen que hacer “seis veces más esfuerzos por la solidaridad y la paz”.
Para el comisionado, el programa de Reparación por vía Administrativa “no es un acto de caridad, sino de solidaridad del Estado. No es una limosna, sino un derecho a ser reconocidas las víctimas causadas por una violencia ilegal, injusta y no repetible. Para que no se repita es necesario que las armas y la justicia estén solo en manos del estado y no en manos de particulares que organizan cuadrillas privadas para sus fechorías y que se disfrazan de amigos o defensores del pueblo”.
Y recordó que este tipo de reparación ya había hecho antes, pero con el nombre de ayuda humanitaria. “El dinero que reciben las familias de las víctimas o las víctimas mismas es solo un acto de solidaridad del Estado colombiano al cual todos pertenecemos, cualesquiera que sean sus características de partido, sexo, religión o edad. Esa solidaridad no puede confundirse con la responsabilidad que es función de los jueces y magistrados, señalada en las sentencias. También nace la responsabilidad de las confesiones voluntarias de aquellos que cometen los delitos”.
El comisionado calificó de desgracia nacional la violencia que se vive en el país desde l964, cuando grupos de guerrilla adujeron “ondear las banderas de la revolución clasista y de la justicia social”.
Sostuvo que si bien la indemnización que está entregando el Comité de Reparaciones no administrativa no devolverá a la vida a quienes la han perdido, porque “una vida no tiene precio monetario”, el dinero servirá a los parientes para mitigar la falta del ser querido, especialmente a madres y esposas.
Finalizó su discurso hablando de la reconciliación: “Hemos renunciado a la venganza para no continuar con otro ciclo de muertes, pero no hemos renunciado al perdón. Para concederlo, los victimarios, los ofensores deben pedir, solicitar el perdón, tener propósito de enmienda y confesión de boca, es decir, la verdad. El perdón no se regala, no es una ganga ni está en feria. Es un acto subjetivo, personal, que la víctima, el ofendido podrá conceder voluntariamente (…) Pero con perdón o sin perdón, el horizonte de ayer, que hoy está aquí, necesitamos la reconciliación. Solo con la reconciliación, como categoría política y ciudadana, estaremos en condiciones de enfrentar a los enemigos externos e internos de la nación”.