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Eduardo Pizarro Leongómez, presidente de la Comisión de Reparación y Conciliación |
Febrero 6 de 2006 - REVISTA CAMBIO
El politólogo y profesor de la Universidad Nacional, nombrado por el Gobierno para presidir la comisión que debe garantizar los derechos de las víctimas del conflicto, explica los alcances de su misión, y responde a las críticas de quienes dicen que favorecerá a la administración Uribe. También habla de sus diferencias con su hermano Carlos, jefe máximo del M-19, y dice que las víctimas deben tragarse muchos sapos para evitar que haya más viudas y huérfanos.
CAMBIO: ¿Cómo hacer para que las víctimas dejen de ser los fantasmas del conflicto?
EDUARDO PIZARRO: La tarea más importante es determinar quiénes son las víctimas y, por consiguiente, quiénes los individuos que deben ser reparados. Es un debate muy complejo que ha exigido mucha reflexión de las comisiones de paz o de la verdad en otras partes del mundo. Tenemos que organizarlas, escucharlas y respetarlas, crear el Fondo Nacional de Reparación, y fortalecer los mecanismos de verificación de la desmovilización para garantizar que no queden rastros de grupos paramilitares. La desmilitarización y la desmovilización paramilitar deben ser reales y no ficticias.
¿Qué hacer para que las víctimas conozcan lo que la Comisión puede hacer por ellas ?
Lo más importante en esta etapa es crear una base de datos de las víctimas y animarlas a asociarse. También debemos elaborar una cartilla informativa, que será difundida a través de los medios, con el fin de que las víctimas conozcan los derechos que contempla la ley, para que los hagan respetar.
El tema de la verdad es clave en todo proceso de reconciliación, ¿qué va a hacer la Comisión en este sentido?
Es importante aclarar que esta no es una Comisión de la Verdad. Una Comisión de la Verdad es imposible de crear en medio del conflicto. Imagínese, por ejemplo, que la Comisión revelara nombres de personas que han colaborado económicamente con los grupos paramilitares. Podrían ser asesinadas por las Farc o el Eln. Las comisiones de la verdad son creadas al terminar los conflictos armados.
¿Cómo reparar sin verdad?
La Fiscalía debe reconstruir la verdad judicial, teniendo en cuenta el principio central del derecho penal en el mundo: nadie puede autoinculparse ni inculpar a sus familiares. La única manera de conocer la verdad es a través de declaraciones voluntarias, que deben responder a incentivos.
Me parece criminal la consiga ‘ni perdón ni olvido’. La consigna debe ser verdad, justicia y reparación en el marco de una política de perdón.
¿Qué tipo de incentivos?
Hay que estudiarlos muy bien para que no fracasen como en el Cono Sur. En Chile, el militar que había cometido actos de desaparición o torturas de adversarios durante la dictadura, declaraba ante la comisión y el incentivo era que la grabación de su declaración se borraba. No quedaba registro del testimonio y, además, la declaración no tenía impacto judicial. Por eso hubo verdad y reparación para las víctimas, pero impunidad total, salvo para el general Contreras por su participación en el asesinato del canciller Letelier, porque Estados Unidos no permitió su amnistía. En Argentina también hubo impunidad total por la ley de Punto Final, y en El Salvador y Guatemala no hay un solo guerrillero o militar detenido.
Eso es lo que se teme que pase en Colombia.
No va a pasar porque la ley de Justicia y Paz dice que no podrán gozar de derechos políticos quienes hayan incurrido en crímenes de lesa humanidad y de guerra. Aquí habrá cárcel.
¿Cómo convencer a un hijo de que ocho años de cárcel son suficientes para reparar el asesinato y descuartizamiento de sus padres?
La experiencia de América Latina muestra una importante capacidad de reconciliación. Las víctimas debemos entender que, mediante ese sacrificio de comerse sapos, salvamos a las víctimas de mañana.
¿ Y cómo evitar que las víctimas de hoy se vuelvan los victimarios de mañana?
En Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala y El Salvador las víctimas no están matando a sus victimarios. Creo que Colombia va a mostrar la misma capacidad de reconciliación. Doce años después de Pinochet, en Chile llegó al poder el partido de Allende con el presidente Lagos, y 16 años después va a ser elegida presidenta su ex ministra de Defensa, cuyo padre fue torturado y murió por las torturas. A pesar de que hubo impunidad total y aún hay heridas abiertas, la sociedad chilena no se está matando. En Uruguay pasa lo mismo: dos ex guerrilleros tupamaros, que fueron brutalmente torturados, hoy presiden el Senado y la Cámara.
La comisión va a trabajar en medio del conflicto, ¿qué hacer para vencer el temor de las víctimas de denunciar a sus victimarios?
Es un punto neurálgico. Es la primera comisión de estas características que se crea en el mundo sin que el conflicto haya terminado. Es cierto: muchas víctimas están en zonas que continúan bajo el dominio de los grupos armados, y su temor es explicable. Por eso, además de audiencias públicas, habrá otras privadas, discretas, para proteger a las víctimas en zonas de conflicto.
Desmovilizadas las Auc ¿cómo evitar que sus víctimas sean utilizadas por la guerrilla contra los desmovilizados y sus familias?
Las asociaciones de víctimas tendrán tanta autoridad moral, que enviarán un mensaje muy fuerte: "Ni un colombiano más puede ser asesinado por razones políticas". Eso va a generar una barrera ética extraordinaria y excepcional. Esta comisión, si bien debe pensar en las víctimas de ayer, debe impedir las del mañana. Nada sacamos con pensar sólo en las 50.000 o más víctimas de ayer, si en los próximos años vamos a tener otras 50.000.
¿Cómo resarcir a alguien que perdió familiares y fue ultrajado, desplazado...?
Hay dos tipos de reparación: la simbólica y la material. La simbólica puede ser como la que en Suráfrica se llamó Justicia Reparativa. En eventos organizados por el arzobispo anglicano Desmond Tutu, con transmisiones de televisión, se reunían víctimas y victimarios. Las víctimas contaban su dolor y los victimarios pedían perdón por el sufrimiento causado. Luego, una política de perdón sirvió de catarsis colectiva para superar las heridas del apartheid. Aquí podemos crear modelos de Justicia Reparativa similares.
¿Cómo desvirtuar el prejuicio de que la comisión es para las víctimas de los paramilitares porque la ley de Justicia y Paz está hecha a su medida?
La comisión va a trabajar por y para las víctimas de la violencia política. Esto incluye tanto a las víctimas de los paramilitares como a las de la guerrilla. Las asociaciones de víctimas van a representarlas a todas, incluidos miembros de la Fuerza Pública. Por ejemplo, soldados que han sido víctimas de minas antipersonales.
¿Desde el punto de vista económico, qué puede esperar una víctima?
La comisión no debe generar falsas expectativas sobre una reparación material de gran magnitud. El número de víctimas es muy alto, y los recursos escasos.
¿De dónde saldrán los recursos?
Vamos a buscarlos en tres fuentes: los victimarios, el presupuesto nacional y la comunidad internacional.
¿Cómo ha funcionado la reparación económica en otros procesos?
En Chile, a las víctimas de la dictadura militar, viudas y huérfanos, les concedieron una pensión vitalicia, becas educativas y servicios de salud gratuitos para sus hijos. En Argentina, se les dieron 120.000 dólares a cada familia de desaparecidos. La experiencia de África ha sido un desastre porque los bienes para la reparación de las víctimas compiten con los recursos escasos para la salud, la lucha contra el sida, la educación... Las víctimas son vistas con resentimiento y odio porque están canalizando los escasos recursos de la sociedad, y de nuevo están siendo victimizadas.
¿Cómo garantizar el manejo transparente de los recursos?
La comisión no va a administrar recursos. La Red de Solidaridad va a manejar el Fondo de Reparación. De esta entrevista me nace la idea de que la veeduría la lleven a cabo las asociaciones de víctimas, que sean ellas las que protejan los recursos, para evitar que sean fuente de corrupción.
A usted casi lo asesinan los paramilitares ¿qué implicaciones tiene eso?
No quiero que nadie sufra lo que yo y otras víctimas sufrimos. Para que no haya más viudas y más huérfanos del conflicto debemos ser generosos. Me parece criminal la consiga "ni perdón ni olvido". La consigna debe ser verdad, justicia y reparación, en el marco de una política de perdón.
Su nombramiento ha sido criticado porque dicen que usted es ideólogo del Gobierno...
Jamás he sido ideólogo del Gobierno. En mis columnas en la prensa he mostrado simpatía por algunas de sus políticas. Pero he sido crítico de otras. La única forma de responder a eso es con mucha humildad y –como decimos con pedantería los politólogos–, con la legitimidad de los resultados. Esta comisión no tiene derecho al fracaso.
Desde otro flanco
Gente de la izquierda, de la cual hacen parte ex guerrilleros del M-19, no entiende por qué usted apoya al Gobierno, si su hermano Carlos Pizarro fue comandante de ese grupo.
Parten de un supuesto falso: que toda la familia debe pensar igual, sobre todo si uno de sus miembros, como en el caso de Carlos, fue el más destacado. En el seno de mi familia hay muchos puntos de vista divergentes. Nunca pensé igual que Carlos.
Pero usted estuvo en su campaña presidencial.
Con Carlos nos reencontramos al final de la vida porque colaboré mucho en el proceso de paz con el M-19. Estuve con él los últimos meses y elaboré su programa presidencial. La noche antes de su asesinato nos reunimos para discutirlo. Cuando digo que nos reconciliamos hablo en términos políticos, porque el afecto nunca se rompió.
¿Qué cree que habría opinado su hermano de su apoyo a un gobierno tan cuestionado por el proceso con las Auc?
Todos los gobiernos son cuestionados. El de Uribe es atacado por sectores nacionales y de la comunidad internacional, pero alabado por otros. El de Pastrana, por el proceso con las Farc; el de Samper por el proceso 8000; el de Gaviria por la apertura económica... No creo que el gobierno de Uribe sea más o menos cuestionado que otros.